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Revista Nº 65 Septiembre-Octubre 2015

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Bioqumica Empresarial


Niveles de Ácido Úrico Sérico y riesgo de desarrollar Preeclampsia

Autor: Ana I. Corominas1,2, Silvia M. Balconi1, Mario Palermo1, Bernardo Maskin1, Alicia E. Damiano2,3

Si bien se conoce que existe una asociación entre los niveles elevados de ácido úrico y la preeclampsia, el debate sobre su aplicación clínica aún está abierto. Nuestro objetivo fue estudiar la utilidad del dosaje periódico del ácido úrico sérico durante el embarazo para identificar gestantes con mayor riesgo de desarrollar preeclampsia. Realizamos un estudio retrospectivo en gestantes primíparas: 79 normotensas y 79 con preeclampsia atendidas en el Hospital Nacional Posadas durante el año 2010. Se analizaron los niveles séricos de ácido úrico, creatinina y urea, y los datos de proteinuria de las historias clínicas de las mujeres embarazadas. Los niveles de ácido úrico fueron similares en ambos grupos durante la primera mitad de la gestación. Sin embargo, a partir de la semana 20, el ácido úrico se incrementó 1.5 veces en gestantes preeclámpticas, sin cambios en la uremia y creatininemia, descartándose así el compromiso renal. Además, encontramos que niveles más altos de ácido úrico se correlacionaban con bajo peso del recién nacido. También vimos que las gestantes con antecedentes familiares de hipertensión eran más propensas a desarrollar esta condición. Por otro lado, no observamos una relación directa ni con el sexo fetal ni con el tiempo de aparición de los síntomas clínicos. Estos hallazgos sugieren que los cambios en las concentraciones de ácido úrico se deberían a alteraciones en los estadios iniciales de la preeclampsia. Por ello, la monitorización de los niveles del mismo durante el embarazo podría contribuir al abordaje precoz de este desorden gesta-cional.

Palabras Clave: gestación, preeclampsia, ácid úrico

La preeclampsia (PE) constituye un desorden multiorgánico específico de la gestación humana cuya etiología es aún desconocida. Se presenta en todas las poblaciones con una incidencia general que varía entre un 5 y 7%(1,2). Según una estimación de la OMS, la PE es responsable de más de 200 000 muertes maternas por año en el mundo y se asocia con un aumento de 20 veces en la mortalidad perinatal(3). Las complicaciones a nivel materno incluyen hipertensión grave, convulsiones (eclam-psia), hemólisis, aumento de las enzimas hepáticas y disminución en el recuento de plaquetas (síndrome de HELLP). Con respecto a las complicaciones fetales, se puede presentar retraso en el crecimiento intrauterino (RCIU), bajo peso al nacer asociado a la prematurez (entre el 8 y el 10% de los partos pretérmino se deben a PE(1), sufrimiento fetal y muerte perinatal(5,6).
A pesar de su importancia y de décadas de investigación, no se ha logrado predecir qué mujeres tendrán mayor riesgo para desarrollar PE. Su diagnóstico se basa en la detección de hipertensión y proteinuria en la segunda mitad de la gestación.

Dadas las graves consecuencias de estas complicaciones, la identificación de gestantes “en riesgo de desarrollar PE” es crucial para poder aplicar estrategias de prevención primaria en estas pacientes. A pesar de que se han propuesto numerosos estudios, las diferentes pruebas clínicas, biofísicas o bioquímicas han sido incon-sistentes o contradictorias y la mayoría son consideradas poco confiables o no aplicables para su uso de rutina en la práctica clínica(7,8).

La asociación entre los niveles elevados de ácido úrico y la PE se conoce desde el comienzo del siglo XX. Si bien muchos autores consideran este aumento marcador de gravedad una vez que los síntomas están presentes, su utilidad clínica está todavía en consideración(9-15).

El ácido úrico es el producto final del metabolismo de las purinas, sintetizado por la enzima xantino-oxidasa(16). Debido a su actividad como “depurador” o “scaven-ger” natural de radicales libres, se lo ha propuesto como marcador de estrés oxidativo, daño tisular y disfunción renal(13,17).

En gestaciones normales, las concentraciones de ácido úrico séricas disminuyen en un 25 a un 35% como consecuencia de la expansión de la volemia, del aumento en el flujo sanguíneo renal y en la velocidad de filtración glomerular, y por la acción uricosúrica del estrógeno(18,21). Sin embargo, hacia el final de la gestación, los niveles séricos de ácido úrico aumentan hasta alcanzar valores similares a los de las mujeres no embarazadas(22). Este incre-mento podría deberse al aumento de la producción fetal, a la disminución de la fracción unida a la albúmina y disminución de su excreción renal.

En PE, la hiperuricemia observada podría deberse a un aumento en la liberación de purinas relacionadas, con un aumento de fragmentos celulares en plasma o a una disminución en la excreción tubular renal(23-26). Además, podrían contribuir a este aumento el incremento del estrés oxidativo y de especies reactivas del oxígeno(14).

Sin embargo, la utilidad clínica de las variaciones en la concentración del ácido úrico para monitorear la hipertensión gestacional se ha subestimado, quizás debido a que las mediciones fueron reali-zadas o al comienzo o al final del embarazo, luego de la aparición de la sintomatología materna(27,28).

Nuestro objetivo fue estudiar la dinámica del ácido úrico durante el curso del embarazo con el fin de determinar si el dosaje periódico de los niveles de ácido úrico sérico podría ser útil para definir un grupo que presente mayor riesgo de desarrollar PE antes de que se evidencien las manifes-taciones clínicas de la enfermedad.

Materiales y métodos

Se realizó un estudio descriptivo, longitudinal y retrospectivo de las historias clínicas de las gestantes atendidas en el Hospital Nacional Dr. Prof. Alejandro Posadas, Buenos Aires, Argentina, durante el año 2010. El estudio fue aprobado por el Comité de Docencia e Investigación del Hospital. Solo se analizaron los registros clínicos de aquellas gestantes primíparas que tuvieron un seguimiento periódico durante el curso de la gestación. Se identificó un total de 79 mujeres con diagnóstico de PE a partir de la base de datos del hospital. Un número igual de mujeres con gestaciones sin complicaciones durante ese período se seleccionaron al azar como controles sanos.

A partir de la planilla de historia clínica perinatal CLAP-OPS/ OMS(29), inserta en las historias clínicas de las pacien-tes, se relevaron los datos sociode-mográficos de las pacientes, su situación de salud y el resultado del embarazo. También se analizaron los datos bioquímicos de seguimiento de la gestación a partir de los registros del laboratorio.
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